RESILIENCIA COMUNITARIA, el nuevo reto para el desarrollo comunitario | Tiduriru Coop.

¿Conocéis qué significa RESILIENCIA COMUNITARIA?

Posiblemente y por lógica podáis encontrar una definición aproximada, en cambio,  y desde mi parecer, todavía está en proceso de desarrollo conceptual.

Pocos han sido los artículos relacionados con una definición fija para este concepto en el que yo me pudiera basar para re-escribir. Y por ello, expondré dos visiones:

1) la breve y precoz definición por Cadavid S.  (2010)
3) la exposición de una aproximación definida de Uriarte Arciniega J. (2013)

Conozcamos primero qué es resiliencia ( a secas):

La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y/o situaciones adversas.

El concepto de resiliencia se puede agrupar en 3 categorías:

  1. La resiliencia como estabilidad 

    La resiliencia como estabilidad es vinculado a la resistencia, o a la capacidad de permanecer íntegro frente al golpe, o de soportar una situación difícil, de ser capaz de vivir y desarrollarse con normalidad en un entorno de riesgo que genera daños materiales y de estrés. 

    También se entiende como resiliencia la capacidad de asimilar /absorber daños de cierta magnitud y a pesar de ello permanecer competente. 

  2. La resiliencia como recuperación Se refiere a la capacidad para volver al estado original, tener una vida significativa, productiva, de normalidad, después de alguna alteración notable o daño debido a alguna situación adversa.

    Aquí se incluye la dimensión temporal en la superación de las dificultades. Una persona o colectivo que se recupera con prontitud sería considerada más resiliente que aquella que necesita más tiempo o la que difícilmente se recupera a pesar del tiempo transcurrido.

    La perspectiva de la resiliencia parte de la idea de que todas las personas y los grupos humanos tienen dentro de sí elementos que le llevan a su desarrollo, a la normalidad, al equilibrio cuando estos han sido alterados.

  3. La resiliencia como transformaciónImplica una dimensión más compleja según la cual las personas son capaces de resistir, proteger su integridad a pesar de las amenazas y además salir fortalecidas, transformadas positivamente por la experiencia.

    Incluye los procesos de regeneración, reconversión, reorganización personal y en su caso social, la apertura a las nuevas oportunidades surgidas a raíz de la crisis (ecológicas, industriales).

    Esta perspectiva enfatiza las capacidades de las personas para la adaptación a los cambios, la capacidad de aprender, la creatividad, la orientación hacia el futuro, las fortalezas y oportunidades, más que los peligros y las debilidades.

    En algunos casos los desastres pueden llevar a ser oportunidades para cambiar o mejorar las deficientes condiciones de vida de los afectados (Olabegoya, 2006).

Para conseguir una persona resiliente (persona superviviente) es importante un proceso profesional, basado en la psicología y estudio individual de la persona que acude al tratamiento. 
El trabajo con otros profesionales, por ejemplo un educador,  aumentará la posibilidad de integración social y apoyos psicoemocional (incluyendo a esta persona, por ejemplo, en grupos de terapia)

En muchas ocasiones, hemos visto que los procesos de resiliencia se han llevado a sesiones grupales con resultados positivos.

En cambio, ¿se podría llevar el proceso de resiliencia a una comunidad entera? 

Como he comentado, veremos tanto la visión de Cadavid S.  (2010), como de Uriarte Arciniega J. (2013) que exponen la definición y pilares de resiliencia comunitaria.

Ya previamente, Uriarte Arciniega J. (2013) nos muestra que la resiliencia no está en los seres excepcionales sino en las personas normales; lo considera una cualidad humana universal.
Además, si las situaciones difíciles y contextos desfavorecidos son las guerras, violencias, desastres, maltratos, abusos… etc.; la recuperación e intervención psicosocial comunitaria podría ser un enfoque para iniciar el proceso de resiliencia comunitaria.

Pero… ¿QUÉ ES LA RESILIENCIA COMUNITARIA?

 Cadavid S.  (2010) nos introduce con:

La resilencia comunitaria, se trata de una concepción latinoamericana desarrollada teóricamente por E. Néstor Suárez Ojeda (2001), a partir de observar que cada desastre o calamidad que sufre una comunidad, que produce dolor y pérdida de vidas y recursos, muchas veces genera un efecto movilizador de las capacidades solidarias que permiten reparar los daños y seguir adelante.

El estudio, permitió establecer los  primerospilares de la resiliencia comunitaria como:

– La Autoestima colectivaque involucra la satisfacción por la pertenencia a la propia comunidad.

– La Identidad culturalconstituida por el proceso interactivo que a lo largo del desarrollo implica la incorporación de costumbres, valores, giros idiomáticos, danzas, canciones, etcétera, proporcionando la sensación de pertenencia.

– El humor socialconsistente en la capacidad de encontrar la comedia en la propia tragedia para poder superarla.

– La honestidad estatal, como contrapartida de la corrupción que desgasta los vínculos sociales

-La solidaridad, fruto de un lazo social sólido que resume los otros pilares.

 

En definitiva, consiste en determinar por parte del agente externo la capacidad resiliente de esas personas en unión a su comunidad.

La observación nos relaciona a que una buena comprensión de esa comunidad nos facilitará la manera de cómo afrontan los problemas y los superan.
– “Desde la cotidianidad comunitaria y personal se establecerá estrategias o bien para generar resilientes o bien para apoyarse entre ellos para continuar con el proceso”.

ORIGEN DE LA RESILIENCIA COMUNITARIA por Uriarte Arciniega J. (2013)

Con un origen latinoamericano, donde a los desastres naturales se ha añadido la pobreza y la desigualdad, la resiliencia comunitaria es aún un concepto mas reciente que la resiliencia individual y se refiere a aspectos de afrontamiento de los traumas y conflictos colectivos por los grupos humanos en los cuales influyen otros aspectos psicosociales, además de las respuestas individuales al estrés.

La comunidad se entiende que es una entidad social con mayor significado que el número de personas localizadas en un territorio. Son individuos que, por encima de la cantidad de sus miembros, mantienen entre sí relaciones humanas y económicas, comparten ideas, valores, costumbres, metas, instituciones y servicios con distinto grado de conformidad y de conflicto. Estas variables determinan en gran medida tanto las fortalezas como la vulnerabilidad, y consecuentemente también inciden en el impacto social de los desastres y catástrofes y en la capacidad de afrontamiento, recuperación y transformación posibles

Uriarte Arciniega J. (2013)

Uriarte, también coincide con la idea de generar una serie de pilares para la resilencia social o comunitaria.

Los pilares de la resiliencia social o comunitaria

  • La estructura social cohesionadaLas sociedades en las que (los distintos grupos que la conforman) tienen menores desigualdades entre sí, (donde prevalece la cohesión social más que el conflicto, los individuos y las minorías de distinto signo se sienten plenamente incluidas, existen oportunidades para la convivencia, la participación social, cultural, redes de apoyo informal y además cuentan con representantes naturales reconocidos, con canales de comunicación internos y cierto número de voluntariado civil y social), son proclives a responder con eficacia y sobreponerse a las adversidades.

Cuando las poblaciones están acostumbradas a que las autoridades les mantengan informadas sobre los riesgos y situaciones de emergencia aumentan su confianza en ellas y se enfrentan mejor y con más prontitud a las acciones preventivas y reparadoras.

Acinas, 2007.

Pero para ello, también hay que conocer que primero se necesita tener confianza con la autoridad por su constante trabajo efectivo.

  • La honestidad gubernamentalSe refiere, por un lado, a la legitimidad de los gobernantes locales, comunitarios o estatales, al convencimiento de que el gobierno es el apropiado y al sentimiento de que es propio, es percibido como mío, con lo cual su liderazgo y sus mensajes serán más creíbles.

    Además, debe ser un gobierno de manos limpias, transparente, que gestiona la cosa pública con honestidad, que actúa con sentido de la justicia y aplica las leyes con imparcialidad.

     

  • La identidad culturalSe refiere al conjunto de comportamientos, usos, valores, creencias, idioma, costumbres, ritos, música, etc. propios de una determinada colectividad, que los reconoce como propios y distintivos y da sentido de pertenencia a sus miembros.

    La identidad cultural refuerza los lazos de solidaridad en casos de emergencia más allá que al núcleo familiar cercano.

  • Autoestima colectiva“Es la actitud y el sentimiento de orgullo por el lugar en el que se vive” y del que uno se siente originario. Es la conciencia de las bellezas naturales del lugar, el amor por su tierra, la identificación con determinadas costumbres y con producciones humanas significativas de su territorio: edificios, ciudades, pueblo, etc.
  • El humor socialSe trata de la capacidad de algunos pueblos de “encontrar la comedia en la propia tragedia”, que ayuda a hacer más ligeras o a quitar amargura a ciertas situaciones difíciles, a tomar distancia emocional y a poder analizar más objetivamente las situaciones.

” La capacidad de reírse juntos de ciertos estereotipos sociales, políticos o religiosos propios y ajenos refuerza los lazos de pertenencia y hace a la comunidad más resiliente”

(Jáuregui y Carbelo, 2006).

Otras respuestas y factores que cabe señalar son: el fatalismo (“ha sido inevitable”) o las creencias religiosas (“Dios lo ha querido”) que llevan a la resignación, en algunas comunidades, en cambio, pueden tener un efecto positivo al reducir el impacto psicológico y abrir con prontitud la posibilidad de la superación.

Posiblemente, coincidamos en que todavía está un “poco verde” estas definiciones y necesitemos de más estudios e investigación para concretar con una.
Desde Tiduriru Coop. estaremos atentos a posibles añadidos al concepto de Resiliencia Comunitaria.
Muchas Gracias por las aportaciones.

SI ESTÁN INTERESADOS EN LA VISIÓN DE LA RESILIENCIA COMUNITARIA PUEDEN ACCEDER AL ARTÍCULO DE URIARTE ARCINIEGA A TRAVÉS DEL ENLACE SIGUIENTE:

Uriarte Arciniega J. (2013). Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18 LA PERSPECTIVA COMUNITARIA DE LA RESILIENCIA. – Universidad del País Vasco 

Y vosotros lectores… ¿creéis que el proceso de resiliencia se puede producir a un nivel comunitario si tenemos en cuenta los pilares expuestos?

TIDURIRUCOOP.
Desarrollo Sostenible – Unión y Comunidad

https://tiduriru.wordpress.com/2016/08/20/resiliencia-comunitaria-el-nuevo-reto-para-el-desarrollo-comunitario/comment-page-1/#comment-42

Mi paso y continuidad por el Foro de Metodologias participativas

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He estado participando es este Foro de Metodologías participativas. Me incorporé en el último momento al grupo motor, lo esencial, para formar parte del cierre y para poder incorporar y compartir alegrias y entusiasmos.

Dinamicé junto a la cooperativa Andecha el taller de EXCLUSIÓN E INCLUSIÓN DE LA CIUDADANÍA: Potencialidades y dificultades de procesos participativos aplicados y llevados a cabo con ciudadanía en riesgo o situación de exclusión. ¿Hacia la creación de un nuevo método aplicado hacia colectivos vulnerables?

En breves os pasaremos las conclusiones, aunque a modo de conclusión una importante, el trabajar desde los márgenes y las periferias posibilitan miradas nuesvas hacia las metodologías participativas que facilitaran generar procesos más inclusivos desde la diversidad.

Con respecto al resto de conclusiones y retos, llegarán y se irán subiendo a la web antes de este verano. Os dejamos el vídeo del manifiesto final.Y recomendamos seguir el hasgtag #ForoMMPP16 a partir del cual se fue generando un relato colectivo del encuentro.

Y seguimos informando, porque tiene pinta que esto se enreda y ya van saliendo miniencuentros, con otros espacios de participación. Si queréis seguir la deriva del espacio, así como acceder a todo el material del Foro: http://www.foroparticipacion.net

¿Y si aprendemos a conversar generando?

4x4x4

Enlace: http://plataforma.tejeredes.net/2013/06/conversacion-4x4x4-para-interactuar-y.html?utm_source=blogsterapp&utm_medium=facebook

Es sábado y traemos una nueva tecnología social para compartir: ritual 4x4x4
El ritual 4x4x4 refleja una de las formas básicas de organización a partir de roles y jerarquías, el triángulo.
La dinámica consiste en generar una conversación entre lxs participantes que deben organizarse en grupos de tres y denominarse cada cual por una letra A, B y C. Una vez elegido quien será A, B y C, A se presentará y contará a B y C lo experimentado en la actividad que se haya realizado previamente o hablará en relación a una pregunta que formule el facilitador en el momento. Durante los primeros cuatro minutos, A hablará, B por su parte, escuchará y explorará a partir de preguntas el relato de A y C se encargará de anotar todo lo que surja de la conversación. Finalizados los cuatro minutos, se rotan los roles: A toma nota, B habla y C escucha e indaga; por último A escucha y explora, B toma nota y C habla.
Para concluir la actividad se realiza un círculo de observación y cosecha para compartir entre todxs lo experimentado con la actividad. Asimismo, el facilitador aprovechará para explicar a lxs participantes la importancia de la figura del triángulo en la conformación de las estructuras sociales.
La idea es conocer y experimentar distintas dinámicas de interacción como mecanismo para comunicarnos con lxs demás.
Te animamos a que pongas en práctica este útil ejercicio para promover espacios de diálogo, escucha activa y reflexión. Si te interesa saber más sobre ésta y muchas otras herramientas más te invitamos a que conozcas el Manual de Tecnologías Sociales de tejeRedes.

Investigación Cualitativa en Subjetividad

enero_2016

Enlace: http://www.psicoperspectivas.cl/index.php/psicoperspectivas

#‎TrabajarlaMirada‬ ‪#‎Investigando‬ ‪#‎CosasdeOtrxs‬
El presente artículo examina el lugar que ocupa la implicación personal y las prácticas reflexivas del investigador en la etnografía reflexiva. A partir de la entrada en terreno en un estudio con inmersión total, realizado en una población de la zona sur de Santiago, se analiza la importancia de los aspectos biográficos, afectivos y sociales del
investigador, en el devenir de la investigación.
En particular, se muestra, a través de un relato etnográfico, cómo un proceso de auto-objetivación y auto-análisis ayudóa la investigadora a hacer frente a dificultades de integración y a encontrar un lugar en el seno de la comunidad estudiada. Se finaliza concluyendo que el ejercicio reflexivo permite incluir fructíferamente en la investigación aspectos personales del investigador, asícomo elementos biográficos y condiciones en las que se lleva a cabo el estudio y que, en ese marco, la sensibilidad del investigador es parte fundamental de sus herramientas de conocimiento.

Palabras clave: auto-objetivación; auto-análisis; subjetividad; reflexividad; etnografía.

#Auzoetxe: Espacio para la participación y empoderamiento comunitario en barrios

Hace un tiempo estuve trabajando con Paisaje Transversal en el desarrollo de este proyecto de investigación y encuadre. Os lo comparto, porque además va a dar que hablar con el tema de la regulación y cesión de los espacios de gestión vecinal, colectiva y comunitaria en barrios y pueblos en los futuros años.
Enlace a la noticia en su blog pinchando AQUI

Entre noviembre de 2013 y finales de 2014 Paisaje Transversal realizamos un servicio de asesoría al Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Donostia, para la redacción del documento Marco conceptual para Auzoetxe (Casa de barrio en euskera), un espacio para fomentar la participación y el empoderamiento comunitarios en los barrios de la ciudad. Para este proyecto contamos con la inestimable colaboración de Javi Santos, politólogo y dinamizador social con el que ya hemos estado involucrados en otras iniciativas relacionadas con la participación ciudadana.
Auzoetxe se define como un espacio para que las ideas, proyectos, conflictos comunitarios tengan un «nido» donde se refuerce el asociacionismo como forma de organización social, tanto a nivel de barrio, como a nivel de ciudad y se articulen los debates y propuestas desde la comunidad, barrio, a la ciudad y viceversa. Donde se genere un punto de encuentro, y que pueda establecerse como un espacio de relación cercano entre el barrio y el Ayuntamiento.
Para ello, es importante que surja desde la vecindad una dinámica que favorezca la posibilidad de apropiarse de los espacios, y que incida en la importancia de recuperar y habitar el espacio público, como potencia de generar un «común» abierto, y construido entre todas las personas, atendiendo y trabajando desde ellas.
Desde Paisaje Transversal venimos trabajando estos conceptos en lo que se denomina «régimen de procomún», y que comprende aquellas acciones que tienen el foco en el propio desarrollo local del entorno, que parten desde la participación de su comunidad y atienden a la diversidad de la misma (cultural, ideológica-identitaria, condición socioeconómica, edad, de género, etc.).
A la hora de definir el concepto de Auzoetxe se tienen en cuenta las siguientes ideas básicas.
  • Que sus características y acciones serán implementadas respetando siempre a la comunidad donde se vaya a implantar, siendo un espacio de impulso, de participación y de vida comunitaria, creando un espacio común desde la diversidad.
  • Auzoetxe entiende el barrio como sujeto activo y creativo. Y plantea la gestión cívica del espacio como la base de la relación de la Administración Pública con el mismo. Es un espacio construido colectivamente a través del sentimiento de identidad y de pertenencia, superando la dicotomía público-privado e instalándose en la idea del procomún.
  • Auzoetxe se concibe como un espacio en el que se generen debates, actividades, conferencias, así como el desarrollo de nuevas ideas y proyectos. Un debate construido desde la diversidad de pareceres, opiniones y posicionamientos políticos, en el que se pueda dialogar y contrastar opiniones desde el respeto.
Para la implantación de Auzoetxe en un territorio se propone la creación de una Asociación de Barrio, como elemento común y sin ánimo de lucro, que aglutine las singularidades de ciudadanía y asociaciones que suscriban los valores propios de Auzoetxe; y del Ayuntamiento, cuyo papel será fundamentalmente garante, promocional y funcional en tanto a los distintos compromisos que éste tiene con el espacio (lógica del «dejar hacer» y la corresponsabilizad), y no así en la gestión del mismo o en las decisiones que en él se tomen.
Se establece un modelo de gestión cívica, constituyendo una comisión gestora del espacio conformada por diversos agentes representantes del barrio, y que tomará las decisiones de manera consensuada, transparente, horizontal y abierta, generando espacios abiertos que favorezcan la participación de todas las personas, en nivel de igualdad.
Finalmente, se propone la definición de los canales de comunicación de Auzoetxe (internos y externos, físicos y digitales) que garanticen una correcta difusión y una transparencia adecuada de las actividades que se desarrollan en Auzoetxe, de manera que pueda quedar reflejado el valor y cualidades diferenciales que éste aporta en el barrio y la ciudad.
Créditos de las imágenes:

Imagen 1: Auzoetxe como punto de encuentro en el barrio (fuente: Paisaje Transversal)
Imagen 2: Auzoetxe como ágora (fuente: Paisaje Transversal)
Imagen 3: Auzoetxe como espacio desde el que fomentar el respeto y la diversidad (fuente: Paisaje Transversal)

BBPP: Miradas positivas para transformar un barrio

Dentro del trabajo como dinamizador vecinal, en el que llevo cerca de 10 años, me ha tocado en estos últimos meses escribir la buena práctica. Esta se plantea en una acción a lo largo de los 4 años que llevo trabajando en San Cristóbal, cuya acción se ha centrado en intentar cambiar la imagen y mirada peyorativa que la vecindad tiene sobre su propio barrio, su presente y sus posibilidades de futuro, a través de una acción sobre las redes sociales, tanto las de internet, como las comunitarias para cambiar la mirada y la manera de mirar, hacia un enfoque apreciativo que favorezca la participación en la diversidad.

Muchas de estas acciones o claves se han venido reproduciendo en este blog, pero quizás aquí se pueda entender parte del proceso.

Esta acción se ha definido a través de los siguientes objetivos:

OBJETIVO GENERAL:

Crear un imaginario común a través de la idea de “vecindad inclusiva”: Este concepto se define como una identidad que se coloca en un plano superior, en este caso el barrio (como relación cercana, de comunidad). Que aprovecha el potencial de lo común (comunidad, centros escolares, hitos, necesidades compartidas), para desde la acción práctica, ir construyendo una red de actores del barrio, de origen diverso y cuyo foco es la mejora total o parcial (sector educativo, arte y cultura, juventud, mujer, deporte, etc) del territorio que habitan, en este caso como hemos dicho, el barrio.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

– Asentar una red vecinal que genere acciones comunitarias en el barrio que tenga como fin la transformación social del barrio.

– Canalizar procesos y acciones que tengan como fin reconducir la deriva del barrio hacia un proceso activo e inclusivo.

– Conquistar el espacio público desde valores de participación, convivencia y creatividad.

– Llevar a acabo actividades que favorezcan un cambio del imaginario del barrio a un barrio que se quiera y se cuide.

PARA ACCEDER A TODO EL TEXTO COMPLETO PINCHA EN LA IMAGEN:

2a Buena Practica Miradas positivas para transformar un barrio

Para acceder a más Buenas Prácticas del Servicio de Dinamización Vecinal pinchad AQUI

El eco comunicativo y social de la emoción y el sentir humano. Breve esbozo para una sociología de las emociones

Compilando información de otros lados: http://ssociologos.com/2015/01/09/el-eco-comunicativo-y-social-de-la-emocion-y-el-sentir-humano-breve-esbozo-para-una-sociologia-de-las-emociones/

El eco comunicativo y social de la emoción y el sentir humano. Breve esbozo para una sociología de las emociones

Publicado por: Miguel Ángel Guerrero Ramos enero 9, 2015

El ámbito sociopolítico de la emoción es tan complejo como interesante. En él podemos encontrar desde altas instancias gubernamentales que promueven el odio para defender ciertos intereses particularistas, hasta grandes eventos en su mayor parte ligados a la farándula o al ámbito deportivo, que muy a menudo son revestidos con cierto cariz pasional y emotivo sobresaliente, un cariz con el cual se busca conformar cierta centralidad o cierto foco de poder comercial, social e incluso político. Una centralidad social constituida mediante una influencia conscientemente ejercida sobre la emoción humana, es decir, de una u otra forma, existe hoy en día una gestión política de las emociones la cual posee, cabe decir, dinámicas estrechamente vinculadas a altas instancias estructurales. Unas dinámicas que, de cualquier forma, no están debidamente orientadas y coordinadas a causa del desconocimiento ontológico de las emociones y su subsecuente asociación metafísica, por parte de las grandes organizaciones supranacionales. Así, por ejemplo, se combate la pobreza principalmente por las carencias, por los males físicos o la desigualdad que esta ocasiona en un determinado marco de poder, y no tanto por los estados emotivos de soledad o tristeza que genera, sumamente ligados estos hoy en día y desde hace mucho y en forma excesiva a la dimensión de lo individual. De esta forma, tenemos que la gestión institucional de las emociones por fuera del ámbito comercial, es bastante precaria, bastante mal conducida, y ello debido a su escasa y casi que nula asociación con el sentido de lo político y estructural.

El estudio académico y social del sentir y la complejísima infinidad de la dimensión emocional

Una de las ideas que se encuentran en el presente texto afirma que las emociones deberían tener un peso mucho más predominante no sólo en el ámbito académico sino también en la gestión política de la vida misma, una dimensión social que Michel Foucault llegó a encerrar cierta vez en sus respectivos análisis bajo el concepto de “biopolítica” (entendida esta, a grandes rasgos, y de forma excesivamente resumida, como una gestión política de la vida, o una intervención directa del poder en la vida humana (2004)). No obstante, las emociones parecen estar hoy por hoy, para dichos efectos, muy en un segundo o tercer plano, obviando con esto que el ser humano es un ser principalmente emotivo. Que el ser humano es capaz de captar el presente, el pasado y el futuro y de manifestarlos en forma de emociones a cada segundo o a cada instante de su propio tiempo personal y a lo largo de toda su vida.

Ahora bien, en lo que atañe al estudio y comprensión social de las emociones, algunos autores como Giazú Enciso (2014), señalan que las ciencias sociales en general, han adquirido un giro afectivo desde hace algunas cuantas décadas atrás. Giazú Enciso (2014), más exactamente, afirma que ya para finales de los años sesenta y setenta del siglo XX se trabajaba en varios sectores de la academia en poder liberar a las emociones de su condición de objetivo único de las ciencias biológicas y naturales, y en poder explicarlas a ellas, es decir, a este particular fenómeno del trascurrir cotidiano de lo humano, utilizando metodologías cualitativas que, a su vez, permitiesen cierto grado heurístico de interpretación. Luego, intentos como los de Stanley Schachter y Jerome Singer (1962), o Magda Arnold (1960) (de acuerdo con Enciso), se acercaron bastante a explicar las emociones como un código expresivo y cultural bastante sujeto y plausible de interpretación analítica. Ya para 1994, Rom Harré, afirmaba que existía un pequeño número de emociones básicas y que el resto eran construidas socialmente. Así, Giazí Enciso nos dice, finalmente, que gracias a trabajos como los de Claire Armon-Jones (1986) y James Averill (1986), se pudo imponer una visión socioconstruccionista de las emociones en el ámbito de lo social.

Y así, siguiendo dicha línea, ya para la actualidad muchos autores como Tania Rodríguez (2008), consideran que las emociones indican, expresan o revelan las ideas y sus niveles de apropiación. De hecho, la autora citada afirma que “identificar el tipo de emociones que generan los significados culturales en cada caso particular, permite enfrentar metodológicamente la complejidad de la significación cotidiana y sus niveles de apropiación” (Rodríguez: 2008, p. 146). Sin embargo, dicha autora también afirma que las emociones son tantas y tan diversas que no son asibles de una manera omniabarcante. Esta singular característica de las emociones, cabe decir, es la que ocasiona que exista una separación metodológica entre las internalidades de la emoción y sus externalidades. Las internalidades son sus esencias constitutivas, sumamente desconocidas, realmente complejas y revestidas estas de un indudable matiz metafísico, mientras que lo que aquí llamo externalidades, son, en cambio, los códigos culturales y los elementos del lenguaje que, desde un plano hermenéutico, han sido objeto de posibilidad interpretativa desde una perspectiva socioconstruccionista.

Sin embargo, a pesar del gran avance de poder contar con los inicios de una teoría social de la emoción basada en la identificación de expresiones culturales, una teoría prácticamente inexistente durante todo el siglo XX, las emociones aún siguen estando muy poco vinculadas a una comprensión de su gestión biopolítica, y, en general, muy poco vinculadas, más allá de lo cultural, expresivo y simbólico, al plano de lo estructural. Por otra parte, no olvidemos que las desconocidas cualidades intrínsecas de las emociones, aun despiertan, lamentablemente, ciertos recelos en el ámbito académico. Al respecto, en un artículo titulado “La virtualidad de las emociones y su comunicación en la era digital: las emociones humanas como un proceso comunicativo de potencialidades interiores” (2013), ante el cual el presente artículo es una especie de nota complementaria, hablaba sobre la superación de dichos recelos y sobre una teoría de la emoción ligada no solamente a lo político, sino también a los medios de comunicación. Una tarea sumamente necesaria para los actuales días.

Las emociones humanas como categoría biopolítica y epistémica universal

Líneas atrás afirmaba que el ser humano es capaz de captar el presente, el pasado y el futuro y de manifestarlos en forma de emociones a cada segundo o a cada instante de su propio tiempo personal y a lo largo de toda su vida. En ese sentido, no cabe la menor duda de que la manifestación emocional es un componente de hondísimas expresiones vitales presente en muchos seres vivos y con la particularidad de que en los seres humanos puede ser administrado de forma más o menos consciente. Muchos seres vivos, de hecho, experimentamos sensación, y una sensación profunda y emotiva, que, en los seres humanos, adquiere características simbólicas sumamente complejas. El componente emocional, por tanto, es eje de los actos, de las apropiaciones discursivas o incluso de las manifestaciones más performáticas, en términos de Jeffrey Alexander (2005), de la vida cotidiana.

A raíz de ello, sería conveniente otorgarle a las emociones un peso mucho mayor en el ámbito consultor estructural, y debería estar en primera línea cuando de gestión u organización de la vida, o de elaboración de políticas públicas se trata (no podemos desvincular las políticas públicas por más manifestación social construida y simbólica que pueda llegar a ser, de los elementos internos constitutivos de las vitalidades humanas). No obstante, hoy en día el panorama no es del todo así. Sucede, de hecho, algo muy similar a lo que Vivek Chibber afirma que sucede con categorías como la de “explotación”, que han dejado de ser universales en los estudios poscoloniales a raíz de la diversidad y falta de unión que en ellos se expresa día con día. De ahí que, para un mundo desigual, y lleno de grandes y pequeños horrores internos y externos disfrazados impunemente de cotidianidad, y en un entorno donde el principal componente valorativo es el de la “competitividad”, categorías como la de “explotación”, o “emoción”, sin duda, pueden resultar cruciales.

Un reconocimiento de las emociones como categoría universal de primer orden, bien podría caer dentro del ámbito aún en construcción, aunque con un gran acervo de literatura actual, de la biopolítica. Se trataría, en consecuencia, de la gestión de las emociones que hoy a duras penas se reduce a tareas superficiales de censura. A tareas superficiales de defender ciertos derechos básicos y ciertas dignidades que, aunque son un logro descomunal e importantísimo, dejan de lado el hecho de cómo se sienten las personas y los grupos humanos. Al respecto, se podría pensar que la principal meta sería la de procurar emociones de bienestar, sin embargo, todo el plano de los paradigmas de las emociones en la actualidad, también necesita una revaloración gigantesca. Claro, por desgracia, la procura de la felicidad, y no la eliminación de gran parte de la tristeza, es nuestro principal paradigma actual en el plano emotivo cultural y simbólico a nivel mundial. Y para empeorar las cosas, esta felicidad, como proyecto personal, se desenvuelve hoy, de acuerdo con muchos autores, de forma bastante líquida (Bauman) y superficial, de forma tal, que, por ejemplo, según Giogio Agumben, el sexo y el exhibicionismo han remplazado al amor.
Hablar de gestión biopolítica de las emociones es un asunto que obviamente ha de despertar un temor gigantesco. De hecho, puede que no haya otra cosa que haga más complejo al ser humano que el mismo componente emocional. Podemos intuir incluso, si pensamos un poco a profundidad, que, por ejemplo, una vida en la cual no se experimente nunca, siquiera un poco de tristeza, es una vida realmente vacía. Podemos intuir, por tanto, que la complejidad emocional va mucho más allá de los problemas de la inconsciencia y los deseos reprimidos (rara vez se habla de los deseos que estarán por reprimirse, es decir, en tiempo futuro, y mucho menos aún a causa del orden estructural).

Finalizo este breve texto afirmando que, uno, como acostumbro ensayísticamente, esta clase de textos no son más que la presentación de ideas muy generales, y que obviamente poseen todos los defectos de fondo que poseen las ideas que de por sí han sido construidas de forma muy general. Dos, que la intención principal simplemente es la de invitar al pensamiento y la reflexión. Y tres, que, respecto a las emociones, no debemos olvidar que aunque las estrategias sociales que se desenvuelven en torno a ellas en el corto y mediano plazo son sumamente difusas, no por ello debemos obviarlas de su estudio académico o de asociarlas con las estructuras sociales o la forma en la cual se desenvuelven cada día en dichas estructuras y sus particularidades. Las emociones siempre serán un asunto social desde que haya eventos o personas que nos hagan sentir algo en lo más interno. Son un asunto social, siempre y cuando consideremos, asimismo, que ellas tienen la capacidad de cambiar un estado de cosas.

Bibliografía:
Agumben, Giogio, (1990), La comunità che viene.
Alexander, Jeffrey (2005), Pragmática cultural: Un nuevo modelo de performance social. En: Revista Colombiana de Sociología. ¡SS!\: 0120-1 ‘í9X N” 24 2005. pp 9 -67.

Bauman, Zygmunt (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. ([1]). México. Fondo de Cultura Económica.

Chibber, Vivek (2014). Capitalism, Class, and Universalism: Escaping the Cul-de-sac of Postcolonial Theory,” The Socialist Register, 2014.

Enciso Domínguez, Giazú y Lara, Alí (2014). Emociones y ciencias sociales en el s. XX: La precuela del giro afectivo. Athenea Digital, 14(1), 263-288. http://dx.doi.org/10.5565/rev/athenead/v14n1.1094

Foucault, Michel, (2004), Naissance de la biopolitique, En: Cours au Collège de France (1997 y ss.).

Guerrero Ramos, Miguel Ángel (2013), La virtualidad de las emociones y su comunicación en la era digital: las emociones humanas como un proceso comunicativo de potencialidades interiores. En: El mundo de hoy y los entornos virtuales. Eumed.net

http://www.eumed.net/libros-gratis/2013a/1318/comunicacion.html

Rodríguez Salazar, Tania, (2008), El valor de las emociones para el análisis cultural. Papers 87, 2008 145-159.

Fuente imagen pixabay.com

El significado de habitar

El mundo espectáculo se olvida de lo cotidiano. Las grandes experiencias de pequeñas transformaciones no serán contadas. O si?
Estaba yo pensando en que una de necesidades de los barrios dormitorios, o aquellos en los que una gran parte de la población, los utiliza únicamente para dormir, es que es necesario que sea Re-Habitados. Porque desde el habitar se conseguía que la gente viviera e hiciera vivir el barrio. Le sumáramos inputs de crecimiento exponencial hacñia arriba y expansivo hacia los lados de grados de desarrollo. Ya que mucha de esta gente que no habita el barrio, sin embargo suele desarrollar su carrera y sus conocimientos en otra serie de espacios. Poner los saberes al servicio del barrio, de manera colectiva, es imprenscindible. ¿Cómo lo pasamos de algo imprenscindible y entendemos obligatorio, a una apuesta que se quiera hacer sin obligación y desde las ganas? No queda muy claro, pero es lo que queremos ir viendo en #alterbarrio.
Os dejo un texto que he encontrado mientras buscaba lecturas sobre el termino HABITAR
El significado de habitar
Manuel Saravia Madrigal
Valladolid (España), marzo de 2004.

Espigando en los textos del propio Ivan Illich, veamos qué significa, en su pensamiento, el hecho de habitar.

Habitar es la huella de la vida

Habitar es la huella de la vida. Habitar es dejar huella. Hay dos textos de Ivan Illich que tratan específicamente de la cuestión de habitar: La reivindicación de la casa (Illich, 1985) y El mensaje de la choza de Gandhi (Illich, 1978). En este último se lee lo siguiente:

«Las bestias tienen madrigueras; el ganado, establos; los carros se guardan en cobertizos y para los coches hay cocheras. Sólo los hombres pueden habitar. Habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar.»

Insiste en la profunda relación entre habitar y vivir, y en sus derivaciones: la habitación, como huella de la vida (nunca acabada, nunca completamente planificada), florece y decae al compás de los esplendores y fracasos de sus habitantes.

«La casa no es una madriguera ni una cochera. En muchas lenguas, en vez de habitar puede decirse también vivir. ¿Dónde vive usted?, preguntamos, cuando queremos saber el lugar en el que alguien habita. Dime cómo vives y te diré quién eres

Considera Illich que, al igual que en otros ámbitos a los que dedica sus análisis, también en el campo que ahora denominamos la vivienda, ha habido una pérdida. «La equiparación de habitar con vivir procede de una época en la que el mundo era habitable y los hombres habitantes. Toda actividad se reflejaba y repercutía en la habitación. La habitación era siempre huella de la vida». Una huella que podía adoptar múltiples formas, pero siempre dejar rastros, señales, vestigios. Y siempre, permanentemente inacabada. Como elemento vivo, reflejo de la vida, siempre considerada inacabada hasta que concluye la vida de los moradores:

«La vivienda tradicional nunca estaba acabada en el sentido en que hoy decimos que un bloque de pisos o de apartamentos se entrega llave en mano. A diario remiendan la tienda sus moradores, la levantan, la extienden, la desmontan. La casa de labor florece o decae con la prosperidad y el número de sus ocupantes; a menudo puede apreciarse desde lejos si los hijos han abandonado ya el hogar paterno o si los viejos han muerto.»

Los barrios de la ciudad corrían una suerte pareja.

«Un barrio de una ciudad nunca estaba terminado: hasta la época de los soberanos absolutos, en el siglo XVIII, los barrios residenciales de las ciudades europeas eran el resultado no planificado de la interacción de numerosos artistas constructores.»

Habitar un territorio es reconocerlo y recorrerlo

Habitar un territorio es marcarlo, lo acabamos de decir; pero también reconocerlo y recorrerlo. Ivan Illich solía hablar del «equilibrio múltiple»; y recordaba que la vida humana sólo se da en una situación de equilibrio de numerosas facetas y dimensiones. Voy a señalar una serie de campos relacionados con el hecho de habitar (un lugar, un territorio, una ciudad, un barrio), e indicar en ellos condiciones de equilibrio que posibilitan la vida y nos permiten, en consecuencia, considerarnos habitantes.

Por de pronto, habitar un territorio es recorrerlo a pie. Sólo así es posible crear un ambiente a lo largo de la propia ruta. Andando se responde a un mundo que se ofrece gratuitamente al caminante. Al andar, se quiebra el monopolio sobre la imaginación de los consumidores, en cuanto al transporte y la movilidad. Se responde a la capacidad innata de moverse. Desde luego, hay que contar con un espacio de madurez tecnológica. Pueden no bastar los pies. «En términos de circulación, éste es el mundo de aquéllos que han ensanchado su horizonte cotidiano a trece kilómetros, montados en su bicicleta. Al mismo tiempo es el mundo marcado por una variedad de motores subsidiarios disponibles para cuando la bicicleta no basta y cuando un aumento en el empuje no obstaculiza ni la equidad ni la libertad» . Pero la base insustituible del movimiento es el andar.

Habitar un territorio es también viajarlo. «Cualquier lugar está abierto a toda persona que lo viaja sin roturar la tierra» . Viaje corto, pero igualmente la posibilidad de los viajes largos, donde el mundo está a disposición de todos, «a su albedrío y su velocidad, sin prisa o temor, por medio de vehículos que cruzan las distancias sin roturar la tierra, sobre la cual el hombre ha caminado con sus pies por cientos de miles de años» . Al viajar se atiende a la necesidad de búsqueda, a la persecución de lo que enseña el vacío, el silencio, de lo que no se muestra con la evidencia: una forma de viaje radicalmente amenazada hoy.

Pero si es moverse y desplazarse, habitar un territorio es también demorarse en él y sobre él. Perder el tiempo, calentarse al sol. Estar, sin hacer nada, en los lugares: la contemplación, la pulsión de la inacción, el descanso, la respiración. Una contemplación siempre vista con recelo por el sistema (por cualquier sistema), si no va acompañada de alguna componente económica. Se podía hablar también de que habitar un espacio es recordarlo (aludir a los precedentes, conjugar sobre él metáforas), soñarlo (abrirlo al horizonte), recordar soñando. Porque, en efecto, habitar es soñar: «Los sueños han dado forma siempre a las ciudades; y las ciudades, a su vez, han inspirado sueños» (Illich, 1989!). Habitar un territorio es, digámoslo otra vez, tomarlo y marcarlo; aun bien con nuestras emociones, sentimentalmente, y con nuestras ilusiones.

¿Qué equilibrios, pues, hay que garantizar? Los de la movilidad, el descanso, la conservación. Tres facetas radicalmente amenazadas.

Habitar un territorio es convivirlo

Habitar un territorio es convivirlo. Una relación convivencial que siempre es nueva. La convivencialidad es la acción de las personas que participan en la creación de la vida social. Para Illich, «trasladarse de la productividad a la convivencialidad es sustituir un valor técnico por un valor ético, un valor material por un valor logrado». La convivencialidad es «la libertad individual, realizada dentro del proceso de producción, en el seno de una sociedad equipada con herramientas eficaces». Implica renunciar a la sobreabundancia y al superpoder (ya se trate de individuos o de grupos). Lo cual redunda en renunciar a la ilusión que sustituye la preocupación por lo prójimo, por lo más próximo, «por la insoportable pretensión de organizar la vida en las antípodas» Habitar una región es sentir, asumir, valorar la presencia de las comunidades que la pueblan. Lo que significa, en primer lugar, el derecho a un hábitat comunal. Pero el arte de habitar no sólo crea espacios interiores. También fue siempre y en todas partes habitable el espacio situado más allá de nuestros umbrales. «Aún hoy, en los países cálidos, la mayoría de la gente se pasa una buena parte de su vida en la calle. Este espacio habitable fuera del propio hogar son las zonas comunales, lugares que sirven a muchos grupos y a cuyo uso de todos tenemos derecho, aunque sólo en la forma comúnmente reconocida por la comunidad. El portorriqueño que llega a Nueva York utiliza la calle con toda naturalidad como un bien común. Y el turco residente en Berlín sigue practicando su costumbre de sentarse en una silla en la calle a charlar, apostar, discutir o hacerse servir un café. Muy lentamente caerá en la cuenta de que en nuestros países desarrollados el progreso ha convertido las calles en carreteras y el tráfico rodado amenaza a puestos callejeros y bancos, al comercio, al chismorreo, al juego y al trabajo. Hasta ahora, el progreso económico ha supuesto siempre y en todas partes la ruina de las zonas comunales y la reclusión de las personas en jaulas de cemento. Así, poco a poco, el mundo se ha vuelto inhabitable». Habitar un mundo significa depender de otros en el acto mismo de habitar (y asumir esa dependencia personal). E intervenir en su transformación humana: participar. En este sentido, participar significa vivir y relacionarse de un modo diferente. Pero «sobre todo implica la recuperación de la libertad interior propia, es decir, aprender a escuchar y compartir, libre de cualquier miedo o conclusión, creencia o juicio predefinidos. En la medida en que la libertad interior no es necesariamente dependiente de la libertad exterior, su recuperación es una cuestión esencialmente personal, y puede llevarse a cabo aun en la cárcel, o bajo las condiciones mas represivas». Esa libertad habilita a uno para el florecimiento de la propia vida, pero también para contribuir de forma realmente significativa a la lucha por una mejor vida de todos los demás. En este caso, «la libertad interior le da vida a la libertad externa, haciéndola posible y dándola sentido». Lo que exige el uso de la razón, de esa razón común que nos habita a todos. Y como condición, estar atentos a evitar la corrupción del lenguaje cotidiano (otra de las mayores preocupaciones de Ivan Illich).

Y como condición de convivencia: la austeridad, la renuncia (que no excluye, en absoluto, los placeres, sino sólo los que degradan la relación personal). Hablamos más arriba del equilibrio. Illich señala como una de las piedras angulares de su pensamiento el concepto del «umbral de mutación». El umbral en el que, al verse superado, se rompe algún equilibrio social básico. En lo que nos ocupa: el límite que separa el terreno inhóspito del habitable. En este sentido puede hablarse de la última mutación que afecta al territorio y las ciudades: la de la hospitalidad. Que no puede definirse desde la arrogancia del técnico (esas «figuras de una caridad pervertida»), sino como condición de que las personas puedan mirarse cara a cara, sin intermediarios (cabe aquí recordar la durísima crítica de Illich a los planificadores, en el artículo de la choza de Ghandi o en el libro Profesiones inhabilitantes). Abrir el territorio, la ciudad, al de fuera. A que lo recorra, lo comparta, lo construya, lo entienda. Habitar un territorio es apropiárselo (hacerlo propio), pero también extrañarlo (abrirlo al otro). Incorporarlo al juego de los signos de apropiación y extrañamiento.

Creo que también puede formularse esta idea conforme a uno de los autores preferidos de Illich, Karl Polanyi, para quien en nuestra sociedad conviven superpuestos dos dominios, dos mundos (dos redes de organización social entrelazadas): uno dominado por la economía del mercado único (con la tecnocracia, el progreso técnico, la tecnoutopía); y otro propio de la protección social. Este último sería el que permite y conserva la habitabilidad, en el mismo espacio que quiere a su vez hacer suyo el mercado.

Habitar es construir

Habitar es construir. Usando sus manos y sus pies las personas transforman el espacio, simple territorio para el animal, en casa y patria. Puede ayudarse en su quehacer de herramientas, de máquinas. Aunque «más allá de un cierto punto, el uso de energía motorizada inevitablemente empieza a oprimirlo». Por eso decimos que habitar es hacer, manipular, utilizando una herramienta manejable y manipulable. Por medio de la tecnología denominada intermedia. «Desde el momento en que se te hace necesario un micrófono, te aúpas inevitablemente a una plataforma demagógica». Y algo parecido podría decirse del coche o del ordenador (recordar aquí el significado de lo vernáculo y las cuatro bandas de Cuernavaca). Es lógico Illich que valorase la autoconstrucción. En la introducción al libro coordinado por su amigo Franco de La Cecla (Il potere di abitare) escribió: «Hablamos de la fabricación de la vivienda o de la entrega a la asistencia médica. Los hombres ya no se consideran aptos para curarse a sí mismos ni para construirse sus viviendas». Y sin embargo sólo a través de esas acciones (cuidarse, construir la propia morada, cuidar al vecino, colaborar en las construcciones de los vecinos) se vive la libertad. «Debe quedar claro que la dignidad del hombre sólo será posible en una sociedad autosuficiente, y que disminuye al desplazarse hacia una industrialización progresiva».

Habitar un territorio es construirlo, valorando los materiales primeros que ponen en marcha la imaginación material. Y los vestigios (de un mundo pasado) en el lugar, donde la economía queda afuera. Como dijimos, Illich advierte de la conveniencia de observar la evolución de varios umbrales de mutación, cuyo desbordamiento quebraría la posibilidad de habitar. Habitar es ser consciente «del espacio vital y la limitación temporal». La persona integra a los dos por medio de su acción. La energía, transformada en trabajo físico le permite integrar su espacio y su tiempo. «Privado de energía suficiente se ve condenado a ser un simple espectador inmóvil en un espacio que le oprime».

Habitar un territorio es construirlo, atendiendo al impulso natural a la construcción, excluyendo el uso herramientas opresoras. Pero en los últimos tiempos la evolución de la construcción de la ciudad se ha dirigido en sentido contrario. Illich nos ofrece su propio relato de estos hechos. «En la primera mitad del siglo XIX, el capitalismo y la revolución industrial produjeron cambios drásticos en la configuración de las ciudades, especialmente en la Europa noroccidental. Cada vez más gente fluía a los viejos barrios, proliferaban las fábricas y los humos industriales flotaban sobre las calles cubiertas de aguas de albañal. Superpoblada y desordenada, la ciudad enferma, como decía la metáfora, demandaba un nuevo tipo de planeamiento que diera soluciones al desenfrenado caos urbano. Ciertamente, los funcionarios y reformadores de esas ciudades eran quienes estaban más preocupados con las normas de la salud, las obras públicas y las intervenciones sanitarias, y quienes primero pusieron las bases de un planeamiento urbano global. La ciudad comenzó a ser concebida como un objeto, analizada científicamente y transformada según los dos requerimientos principales del tráfico y la higiene. Se supuso que la respiración y la circulación debían ser restaurados en el organismo urbano, que había sido abrumado por una presión súbita. Las ciudades fueron diseñadas o modificadas para asegurar una apropiada circulación del aire y del tráfico y los filántropos se propusieron erradicar los espantosos barrios marginales y llevar los principios morales correctos a sus habitantes. El rico significado tradicional de las ciudades y la más intima relación entre ciudad y morador fueron entonces erosionados a medida que el orden higiénico-industrial devino dominante. Mediante la deificación del espacio y la objetivación de la gente, la práctica del planeamiento urbano conjuntamente con la ciencia del urbanismo, transformó la configuración espacial y social de la ciudad, dando nacimiento en el siglo XX a lo que se ha llamado la taylorización de la arquitectura».

Habitar una ciudad o un territorio es entenderla, comprenderlo

Habitar una ciudad o un territorio es entenderla, comprenderlo. Recorrerlo, manipularlo, compartirlo…y entenderlo. La ciudad y el territorio son hechos culturales, y no cabe entenderlo sino a través de los hábitos de conocimiento. Lo que implica tanto aprender como desaprender. Illich insiste en un aprendizaje crucial para nuestro tiempo: aprender a renunciar. «Es más fácil desechar los rascacielos con ineficientes acondicionadores de aire de San Juan de Puerto Rico que extinguir el anhelo por un clima artificial. Y una vez que este anhelo se ha convertido en una necesidad, el descubrimiento del confort en una isla expuesta a los vientos alisios, se hará muy difícil.»

La definición experta de las necesidades puede «quebrar el cimiento cultural de la pobreza», al redefinir la naturaleza humana en función de los intereses profesionales. Las necesidades, entonces, aparecen como la condición normal del homo miserabilis. Representan algo que está definitivamente fuera del alcance de la mayoría. «Bajo el gran peso de las nuevas estructuras, el cimiento cultural de la pobreza no puede permanecer intacto; se quiebra. La gente es forzada a vivir en una costra frágil, debajo de la cual acecha algo enteramente nuevo e inhumano». En la pobreza tradicional, la gente podía contar con algunos colchones culturales. Y siempre estaba el nivel del suelo del cual de ender, como ocupante ilegal o como mendigo. De este lado de la sepultura nadie podía caer más abajo que el piso. «El infierno era un verdadero pozo, pero era para aquéllos que no habían compartido con el pobre en esta vida, y deberían sufrirlo después de la muerte. Esto ya no vale. Los marginales modernizados no son mendigos ni holgazanes. Ellos han sido embaucados por las necesidades que les atribuye algún alcahuete de la pobreza». Frente a la innovación obligada, aprender a cuidar el entorno a la vez que reaprendemos a cuidarnos por nosotros mismos. Sin definición técnica de lo que nos falta, lo que necesitamos. Ni el territorio ni la ciudad se pueden definir a partir de ningún sistema de necesidades. Ni de un conjunto de hechos económicos. Visto así, nunca lo entenderemos. De hecho, hoy (que se leen las ciudades desde la perspectiva economicista) no se entiende el significado de la pobreza urbana.

Entender para celebrar el territorio (la ciudad, la casa) y también para lamentarlo. Valorar los ciclos, las estaciones, el tiempo cíclico que lo recorre. Perseguir la proporcionalidad, frente a la desmesura y el despilfarro. Habitar, en fin, un verbo de vida.

Referencias Bibliográficas

Cecla, Franco de La  (1982)   Il potere di abitare   Rimini, Libreria Editrice Fiorentina

Illich, Ivan  (1985)   La reivindicación de la casa,   Alternativas II, ed. Joaquín Mortiz/Planeta, 1989, México

Illich, Ivan  (1985)   H2O y las aguas del olvido   ed. Cátedra, Madrid, 1989

Illich, Ivan  (1978)   «El mensaje de la choza de Gandhi»,   Ixtus, Espíritu y cultura (Ivan Illich: La arqueología de las costumbres), Nº 28 año VII, Cuernavaca, México, 106 págs (Disponible en la red en: http://www.ivanillich.org/LiIxtus.htm)